Convocamos el primer Encuentro de Infraestructuras Libertarias

Os queremos invitar al primer encuentro de Infraestructuras Libertarias. Para empezar, nos parece preciso explicar porque ha surgido esta propuesta para que podáis ver si compartimos inquietudes, necesidades y visiones.

Muchas veces se ha dicho de nuestro entorno —y estamos de acuerdo— que tenemos una falta de proyectos creativos y no abstractos. Ponemos muchas energías al organizar protestas y propaganda, y en cuanto a nuestra capacidad destructiva hacia al sistema que nos oprime, a veces incluso somos capaces de ganar a la policía en las calles; pero a menudo fracasamos a la hora de construir los primeros pasos hacia un mundo nuevo.

Sin embargo, en Cataluña existen muchos proyectos creativos y de infraestructuras liberadoras. Por lo tanto, este fracaso no proviene de una carencia ni de iniciativa ni de intenciones. Así pues, ¿como explicar esta contradicción?

Creemos que la percibida debilidad en la esfera creativa de nuestras luchas se debe de a un problema social, un tipo de problema que ningún colectivo por si mismo sería capaz de solucionar.

Tanto la represión estatal como la alienación capitalista y la socialización patriarcal confluyen para ejercer una presión continua sobre nuestras vidas. Esta presión afecta a los proyectos creativos de una manera muy marcada. Hace que no demos suficiente valor a las tareas femeninas o feminizadas de cuidados y supervivencia, que los proyectos respondan a las exigencias de la ley y el mercado capitalista y que se desvinculen de las esferas más combativas de la lucha.

Todas y todos conocemos el resultado de esta deriva: cooperativas y proyectos de economía solidaria que acaban en autoexplotación o incluso que se convierten en empresas capitalistas de carácter alternativo; proyectos que fracasan por cansancio, por haber caído en una lógica productivista o simplemente por la necesidad impuesta de pagar un alquiler; proyectos que poco a poco se distancian de la lucha para vivir en una realidad diferente de las compañeras que siguen «en la calle»; proyectos que se limitan por la vía legalista, para evadir la represión y la importante pérdida de energías y materiales que supondría no hacerlo, o proyectos que, a pesar de huir de las dinámicas capitalistas, se condenan al autoaislamiento en busca de la autosuficiencia.

Mientras tanto, otras compañeras y compañeros siguen en las vías de la lucha destructiva o abstracta (también necesarias), normalmente las más jóvenes debido al estilo de vida que favorecen estas vías. Por lo tanto la parte creativa de la lucha queda divorciada y distanciada de las prácticas de la autodefensa colectiva y de propaganda. Al fin y al cabo todas quedamos debilitadas.

Esta es una dinámica previsible. El Capitalismo siempre nos ofrecerá herramientas para «cumplir nuestros sueños» y realizar cualquier proyecto creativo, pero son herramientas que nos conducen a las relaciones mercantiles y productivistas. La Democracia también nos dará permiso por casi cualquier iniciativa, pero con unas normativas y condiciones que no nos permiten salir del juego que los poderosos controlan tan hábilmente.

No podemos apoyarnos ni en la ley ni en la rentabilidad de nuestras ideas.

Sentimos una necesidad de coordinación y profundización de relaciones para poder construir la fuerza colectiva necesaria para sostener nuestros proyectos sin perder el norte. Queremos vernos las caras para saber que somos muchas y que podemos salir del aislamiento. Queremos que nuestros proyectos sirvan a la lucha, a sostenernos y sostener a todas las que luchan, en lugar de complacer a consumidoras alternativas y «responsables». Queremos servirnos de las partes combativas y propagandísticas de la lucha para poder comunicar nuestras visiones y sueños más allá de proyectos individuales y para poderlos defender cuando un ayuntamiento o un propietario amenazan la continuidad de nuestros proyectos. Que ningún proyecto creativo quede solo, sino que todos ellos se interrelacionen.

Sobre el dinero

Hemos visto y vivido proyectos que acaban en el autoexplotación o la comercialización de la lucha. Aún así, no tenemos ni respuestas ni soluciones inmediatas a los problemas de dinero, de cooperativas, alquileres, etc.

Tenemos que considerar que toda comercialización, toda relación o intercambio mediante el dinero comporta un peligro y contiene la semilla de las relaciones capitalistas. Sin embargo, nadie es capaz de escapar a las imposiciones económicas, y muchas iniciativas de supervivencia, incluso el cooperativismo, han generado experiencias e historias importantes.

Quizás, en lugar de buscar dogmas o discutir sobre donde poner líneas rojas, tendríamos que fomentar lo contrario: lo que queremos, lo que sabemos que nos acerca a un mundo libre. La economía de regalo es el tipo de economía más antiguo y es incompatible con la explotación. Se basa en la reciprocidad, el apoyo mutuo, el cuidado y el bienestar, no es cuantificable. Seguimos practicando la economía de regalo, pero a menudo de forma inconsciente y únicamente en espacios íntimos donde todavía no reinan el Estado y las empresas (entre amigos y familiares, en algunos pueblos, entre vecinas…).

No queremos rechazar los proyectos que hacen uso de dinero porque todas lo usamos en nuestro día a día; es más, valoramos que muchos proyectos tienen una necesidad por ahora insuperable de gastar y generar dinero. Hay proyectos que tienen que pagar alquiler o comprar máquinas y materiales o pagar a los integrantes porque su trabajo implica una jornada completa. Queremos incluir todos estos proyectos. Pero también queremos abrir una puerta a poder difundir explícitamente la idea de la economía de regalo y establecer las relaciones necesarias para practicar este tipo de intercambio.

Sobre la organización

Existen muchas experiencias de organización que han fracasado. Las organizaciones pueden ser centros de poder que acaban centralizando y dominando toda una lucha. Ahora bien, contemporáneamente lo más común es que las organizaciones fracasen mucho antes de acumular bastante poder. Parece que la gente las abandona para no responder a sus necesidades o por suponer mucho trabajo y poco beneficio. A pesar de todo esto, muchas nos quedamos con la necesidad de organizarnos.

Entendemos que, como mínimo en el contexto actual, los problemas son la manía por la unidad y el no entender una «organización» como el fruto de un verbo. Pensamos que, ante cualquier propuesta de organización, siempre nos tenemos que preguntar «¿organizar qué?». Si la respuesta no es clara, es que no hay una necesidad clara de organización. En este caso no proponemos una organización porque sí, sino porque sentimos la necesidad concreta de fomentar más coordinación entre proyectos que ya existen, que ya han desarrollado sus prácticas y que ya han escogido sus caminos.

Existe una gran diversidad entre todos estos proyectos y esta es nuestra fuerza. La propuesta actual no responderá a todas las necesidades organizativas de todos los colectivos e individuos que acudirán. Sólo responde a unas necesidades concretas y permanecerá abierto a cumplir más necesidades mediante las iniciativas que surjan de los mismos colectivos y que no tendrán que ser impuestas a todas.

Para hacer este trabajo de compartir y coordinar creemos imprescindible aceptar nuestra heterogeneidad y autonomía. Queremos crear un espacio común donde todo el mundo pueda decidir su grado de implicación y las iniciativas en las cuales quiere participar y en las que no. No buscamos ni unidad de acción, ni de lenguaje, ni de pensamiento. Ponemos cosas en común para poder escoger compartir o no, porque descentralizadas —conectadas pero libres— somos más fuertes.

Respetamos la diferencia, no como un problema puntual que todavía no hemos superado, sino como una prueba de nuestra libertad y una fuente de conflictos constructivos y de aprendizaje. La existencia de nuestros proyectos demuestra que somos capaces de autoorganizarnos. Siendo tan diferentes los proyectos, la coordinación entre ellos tomará formas diversas que lógicamente no podemos predecir.

Sobre los sueños y los conocimientos

No es casualidad que en la sociedad actual cada vez menos personas disfruten de conocimientos útiles para sostener la vida. Somos cada vez más dependientes, capacitadas para llevar a cabo trabajos indignantes y surrealistas. Tampoco es casualidad que perdamos nuestra capacidad de imaginación. Hace un siglo, toda la sociedad cuestionaba el futuro y debatía visiones contradictorias. Hoy en día, todo el mundo acepta el futuro que se nos impone o como mucho imaginamos el apocalipsis.

Por lo tanto vemos necesario impulsar la recuperación de conocimientos artesanales y otros conocimientos que hacen posible la vida y la lucha; y también impulsar la difusión de otras visiones, de imaginarios rebeldes, comunales y anárquicos. Estos imaginarios serán infinitamente más fuertes si se sostienen, no en iniciativas aisladas, sino en una red de proyectos reales que generen un poder colectivo y que den el primer paso hacia otras relaciones sociales.

Si te identificas con algunas de estas inquietudes y experiencias y participas en algún proyecto creativo o tienes intención de empezar uno, estás invitada al primer encuentro de infraestructuras libertarias.